Los montes y las sierras que hoy admiramos y queremos conservar han estado recorridos desde la prehistoria por un ganado diverso y preparado para sobrevivir y ayudar al hombre. En este incesante trasiego, los pastores y sus rebaños han dispersado semillas, modelado la vegetación, fertilizado el suelo y, en definitiva, creado ecosistemas.

En contra de la creencia general, la desaparición del pastoreo, lejos de ser beneficioso, al aumentar la “naturalidad” de un espacio, conlleva una importante pérdida de biodiversidad. La ganadería extensiva bien gestionada no sólo es compatible con la conservación de los espacios naturales, sino que es necesaria para ello. La alianza entre aves carroñeras y pastores es, además, una realidad irrefutable desde tiempos inmemoriales.

Siempre que se respeten umbrales de carga adecuados, las actividades ganaderas tradicionales contribuyen a conservar y mejorar el medio incrementando la fertilidad de los suelos (a través de materias orgánicas liberadas por el ganado o compostadas) y la biodiversidad de los ecosistemas (aumentando los endemismos, flora y fauna autóctona); proteje frente a los fenómenos crecientes de erosión y desertización sin contaminar las cadenas tróficas, controla la biomasa inflamable  previniendo incendios) y ayuda al mantenimiento de razas domésticas autóctonas y muchas especies silvestres, algunas de ellas tan amenazadas, como el quebrantahuesos o el alimoche.

El importante sector ganadero, principalmente de ovino y caprino y con certificación ecológica, que aún pervive en la Sierra de Segura (Jaén), se ha convertido en un sector clave para la viabilidad de la nueva población de quebrantahuesos en Andalucía.

En los últimos años, la FG ha trabajado con los pastores de las áreas de reintroducción con el doble objetivo de implicarles en el proyecto y de llamar la atención de la sociedad sobre las graves consecuencias ambientales de la desaparición de esta actividad milenaria.

¿Sabías qué…?


La calidad de cualquier producto se mide en función de la satisfacción que éste genera en el consumidor. Sin embargo, el color, la textura, la jugosidad, o el gusto no son los únicos atributos que deben tenerse en cuenta al evaluar la calidad de una carne o cualquier otro producto derivado de la ganadería extensiva, como la leche o el queso. Hay otros muchos factores, como su naturalidad o el hecho de que haya sido producido de manera sostenible o que este proceso de producción contribuya de manera decisiva a la conservación de la naturaleza, que también deben tenerse en cuenta y valorarse a la hora de decidir cuánto se está dispuesto a pagar.

En general, hoy el valor de mercado de estas producciones ganaderas en régimen extensivo resulta insuficiente para que las explotaciones sean económicamente viables sin el apoyo de ayudas y subvenciones públicas. Nuestras decisiones como consumidores tienen una gran influencia en cómo se gestiona un territorio. Consumir productos locales generados de forma sostenible es una forma fácil y directa de apoyar la conservación de nuestras áreas rurales.

¿Sabías qué...?

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Además de una grave amenaza para la conservación de la biodiversidad, la desaparición de la ganadería extensiva tendría un importante impacto en las economías locales de estas zonas, no sólo por la desaparición, en sí, de las explotaciones ganaderas, sino de otras muchas actividades que dependen directamente de las rentas y los productos generados por ésta o, indirectamente, de su impacto sobre el entorno (pastos, vías pecuarias…) y  la cultura tradicional, de estas áreas de montaña como sería el caso de las empresas de turismo rural, turismo activo u ornitológico.

Sin embargo, no es suficiente con que esta actividad no se pierda, sino que hay que adaptarla al siglo XXI. La ganadería sólo tendrá futuro en la medida que sea rentable y para ello hay que alumbrar una nueva generación de pastores con una formación integral en el campo ganadero, forestal, selvícola y empresarial que incorporen a su labor diaria los conocimientos técnicos y científicos que se generan los centros de investigación.

Con este objetivo, desde hace varios años, la FG impulsa en colaboración con la Administración andaluza y otras entidades, la creación de una “Escuela de Pastores de Andalucía”, entre cuyos objetivos estarán formar sobre usos y manejos ganaderos de razas autóctonas que revaloricen e incentiven la demanda del oficio de pastor, ayudar a implantar técnicas de producción más racional desde el punto de vista económico, ecológico y social y ofrecer a los ganaderos los conocimientos necesarios para asumir con éxito los nuevos retos que impone el mercado agroalimentario global.

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