Antecedentes

La especie, contexto regional y europeo

El quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) fue un ave muy común en casi toda Andalucía hasta finales del siglo XIX. Mermada drásticamente su población a causa del uso de cebos envenenados, el furtivismo y el expolio de nidos, el quebrantahuesos halló su último refugio en las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas (Jaén). El último ejemplar dejó de avistarse en 1986. Con ello, los quebrantahuesos ibéricos quedaron relegados al Pirineo, donde han permanecido encastillados hasta hoy.

En Europa, junto a la población pirenaica y algunas parejas aisladas en las islas de Córcega Creta, sólo existe una población de quebrantahuesos en la cordillera alpina, fruto de un ambicioso proyecto internacional de reintroducción iniciado a principios de los 70 y basado en la liberación y cría campestre de ejemplares nacidos en cautividad.

Incluida en el anexo I de la Directiva Aves (79/409/CEE), en la actualidad, el principal problema de conservación de la especie radica en la falta de conexión entre poblaciones.


1986-2004 Esfuerzos previos de conservación en Andalucía

 Apenas dos años después de la extinción del quebrantahuesos, la Junta de Andalucía inició los primeros estudios para evaluar la viabilidad de un futuro proyecto de reintroducción.

En 1988, con financiación comunitaria a través de los programas MEDSPA se elaboró el proyecto “Restauración de Hábitats Degradados y Especies en Peligro” en el marco del cual y gracias a un convenio con la Estación Biológica de Doñana (EBD) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas se analizó la potencialidad ecológica del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas (Jaén) para dar de nuevo cobijo a la especie.

Los resultados, publicados en 1991, concluyeron que el área reunía las condiciones necesarias para albergar una nueva población de quebrantahuesos de entre 13 y 15 parejas reproductoras. Los autores aconsejaban, además, extender la reintroducción a otras sierras andaluzas sobre la base de la experiencia obtenida en Los Alpes con aves nacidas en cautividad. El Gobierno andaluz inició, entonces (1993), contactos con los responsables del proyecto alpino y encargó a la EBD el desarrollo de un modelo de selección de posibles lugares de nidificación en Andalucía.

Al margen de la dificultad para conseguir ejemplares que liberar y determinar el lugar idóneo para ello, en este primer estadio del proyecto las grandes cuestiones que podían ensombrecer el futuro del proyecto eran básicamente dos: De un lado, ¿Podía ser perjudicial para la relicta población pirenaica la liberación de aves de distinta procedencia? Y de otro, ¿Seguían manteniéndose en niveles peligrosos las causas que provocaron la extinción de la especie?

Cumplir con las directrices de la UICN en su Guía para Reintroducciones obligaba a contestar negativamente a ambas preguntas antes de plantearse la primera suelta de ejemplares.

 

Estudios genéticos

 Para dar respuesta al primer interrogante, en 1995, la CMA y la EBD firmaron un convenio para aclarar la clasificación taxonómica intraespecífica de Gypaetus. Los resultados de los estudios realizados por Godoy, Negro, Hiraldo y Donázar supusieron una gran contribución para la conservación de la especie. Quedó científicamente demostrado que las últimas poblaciones europeas presentan auténticos cuellos de botella en cuanto a variabilidad genética, que las diferencias genéticas entre las diferentes poblaciones del mundo son tenues y que no existen diferencias notorias entre ellas en cuanto a su historia de vida, morfología y requerimientos de hábitat. Por tanto, a efectos de gestión, la mejor estrategia de conservación era considerar a la especie como una única población. Se ponía de manifiesto la conveniencia de los programas de reintroducción y se validaba la forma de actuar desarrollada por el EEP. En 1996 se firma finalmente un convenio de colaboración con la FCBV para la cesión de ejemplares a Andalucía y se inician negociaciones similares con los gobiernos de Aragón y Cataluña que, apenas un año más tarde, cristalizaron en sendos convenios. Así, una vez estudiada la condición taxonómica de la especie, dictaminada la potencialidad de, al menos, las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas para albergarla de nuevo y tras asegurar la protección a largo plazo de ésta y otras posibles áreas de reintroducción con la creación de la Red de Espacios Protegidos de Andalucía, en noviembre de 1996 se inicia oficialmente el Programa de Reintroducción del Quebrantahuesos en Andalucía con la construcción del Centro de Cría “Guadalentín”, hoy Centro de Cría del Quebrantahuesos de Cazorla.

 

Estudios de viabilidad

 El primer nacimiento en cautividad en Andalucía tuvo lugar en 2002, pero la luz verde internacional para el inicio de las liberaciones aún estaba supeditada a una última condición: que el Gobierno andaluz certificara de manera fiable que las causas que provocaron la extinción de la especie se habían eliminado o, al menos, reducido hasta un nivel “aceptable”. Con este objetivo, en diciembre de 2001, la Consejería de Medio Ambiente inicia estudios de viabilidad en ocho espacios seleccionados como posibles lugares de nidificación sobre la base de un modelo matemático en cuyo diseño la EBD venía trabajando desde 1993, tomando como referencia la selección de hábitat realizada por los quebrantahuesos del Pirineo (Donázar et al, 1993). El principal motivo de preocupación era el uso de cebos envenenados. A finales de 2004, los resultados de estos estudios aún no eran definitivos, pero la Consejería de Medio Ambiente ya había puesto en marcha dos importante iniciativas orientadas al control de amenazas: en 2000, la creación de la Fundación Gypaetus, FG, entidad sin ánimo de lucro que tutelaría legalmente los ejemplares cedidos a Andalucía y serviría de apoyo técnico y social al proyecto de reintroducción y, en 2004, la entrada en funcionamiento de la Estrategia Andaluza para la Erradicación del Uso Ilegal de Cebos Envenenados.